Trompetas en el Cielo

La ultima vez que vi a mi hermano fue la noche del Gran apagón. Realmente creí que todo se debía a una falla en algún transformador cerca de la casa. Pensé, mientras me levantaba de la cama, que el momento no podía ser el peor: primero, mi padre estaba con la paranoia de que el mundo terminaría muy pronto. Según él, en algunas partes del mundo las trompetas de los siete ángeles ya había comenzado a sonar, la gente les llama "Sky trumpets" y estaba preparando todo para el día del juicio final, lo cual me recordaba a los hombres mayores que vivieron ese momento de la Guerra Fría, guardando vivieres para poder sobrevivir cualquier tipo de apocalípsis. Lo segundo era que los ataques de pánico de mi hermana menor no había cesado, es más, se habían acrecentado al punto de que mi hermano mayor tenía que cuidarla y sujetarla porque terminaría cometiendo cualquier tipo de locura. Mi hermano quizás era el mas parco de todos. Siempre fue alguien que vivió a su manera, sin importar la consecuencia de sus actos. Siempre se aisló de nosotros, siempre en sus cosas y en sus proyectos que no completaba, quizás no por falta de inteligencia sino por vagancia. Mi madre lo llamaba.. lo llama.. lo llama el hombre del mañana: dejaba todo para el día siguiente. Mi madre era la que mas serena estaba, creo que haber vivido su vida de la manera en que lo hizo la ayudó a construir una perspectiva muy tranquila, muy relajada aunque tenía sus momentos de estrés, siempre buscaba su zen. 

Aquella noche, yo salí de mi cuarto a ver cómo estaban todos. Encendí la luz de mi celular y los fui a buscar. Mi hermana menor, Vivi, salió de su cuarto asustada, como de costumbre pero ya estaba acostumbrada.

-¿Qué pasó? -me preguntó.
-Se fue la luz, tranquila gordita -le respondí con calma.
-No me gusta la oscuridad -se aferró a mi brazo con fuerza- Vamos a ver a mi papi.

Caminamos apresuradas por el corredor que conectaba todas las habitaciones. Siempre que hay algún apagón mi mente me lleva a recordar esa noche cuando tenía 6 años. No recuerdo la hora pero sé que era muy tarde y el miedo de ir al baño se peleaba con las ganas de orinar. Llamé a mi padre cuando estás ultimas ganaron la batalla. Salimos por la puerta de la sala y caminamos despacio. La casa era muy vieja y había sido el hogar del abuelo de mi abuelo, el piso crujía, las puertas se quejaban, las tejas se caían. En fin, no había nadie mas que nosotros pero de repente sentí que alguien me miraba, desde la esquina mas oscura de la habitación. Me aferré a mi padre, que caminaba dormido, y al hacerlo la radio que estaba apagada se encendió a todo volumen despertándolo al instante y asustándome a mi. Corrí como si mis piesitos tuvieran alas en los tobillos. El sonido de nuestras pisadas en este corredor me llevaron a esa noche, un recuerdo que no suma seguridad.

-¿Fausto está en la casa? -preguntó Vivi.
-No lo sé -respondí con honestidad- Vamos a ver.

El cuarto de mi hermano estaba en el camino al cuarto de mis padres. Nos detuvimos en la puerta y tocamos. No hubo respuesta. Volvimos a tocar y estaba vez la voz de dormido de mi hermano nos respondió. Abrió la puerta y volvió a acostarse.

-¿Qué pasó? -nos preguntó.
-Se fue la luz -respondió Vivi- Fer y yo vamos a buscar a mi papá que de seguro nos dirá que ya el fin de los tiempos se acerca.
-No es el fin de los tiempos -contesto Fausto- es solo un apagón.
-Si gordita -le dije- Tranquila.
-Vayan a ver a mi papá. Si está bien me vienen a ver, si está mal se quedan con él y me llaman.

Dicho eso volvió a cerrar los ojos. Desde que comenzó el apagón que algo no estaba bien, que aquello no era normal. Mientras caminaba por el corredor la piel de mi espalda se erizó y no me atreví a mirar atrás, simplemente aceleré el paso. Cuando llegamos a la habitación de mis padres ambos dormían. Irónicamente pensé que siendo el día mas esperado por mi padre, él estaba dormido y quizás no lo disfrutaría desde el principio. Primero despertamos a mi mamá y ella se sorprendió al ver cómo la oscuridad nos rodeaba. Segundo despertamos a mi padre y este se puso de pie al instante y comenzó a hablar muy rápidamente.

-Ok, comenzó, comenzó antes de lo esperado, está bien. Primero tenemos que coger las maletas que preparé para todos y cada uno de nosotros, están en mi closet, pero antes de eso tenemos que cambiarnos y estar listos para salir de ser necesario. Pero afuera debe de ser mas peligroso, mejor cerremos las ventanas y quedémonos en una sola habitación para evitar cualquier tipo de problema...
-Papi -lo interrumpió Vivi- solo se fue la luz, no se va a terminar el mundo.

Mi padre nos miró confundido.

-No estamos hoy 14 de diciembre de 2020.
Luego de corroborar que la fecha era la misma dicha por mi padre sentí que algo no iba bien.
-Si -respondí- Lo es.
-Entonces es hoy -respondió.

Rápidamente se metió a su closet y comenzó a sacar las maletas, cada una tenía una etiqueta con el nombre de nosotros. Eran grandes amplias y pesadas. Entones fue cuando lo escuchamos. Del cielo, o de algún lugar, un sonido de trompetas comenzó. Fue largo y ensordecedor. Mi madre se exaltó y mi padre nos abrazó, nos miramos y mi hermano vino corriendo hasta donde estábamos. Las ventanas vibraban y por un momento pensé que estallarían, cerré los ojos pero el efecto del sonido fue peor. Luego así como comenzó se detuvo. Lo único que quedó fue un pitido molestoso que tardó horas en desaparecer pero la confusión en mi cabeza no. Tenía que saberlo, sin importar lo que haya sonado tenía que saberlo.

-¿Cómo lo supo? -le pregunté a mi padre- ¿Cómo esta seguro de que hoy es?

Mi padre me miró como si guardara algo de culpa, algo de miedo o algo de vergüenza, no lo pude precisar. Pero lo que si pude ver fue a un hombre que haría lo que fuese por su familia. No me respondió en ese instante. Lo hizo hace unas horas, antes de que ustedes me encontraran. Al notar el silencio incómodo mi hermano interrumpió.

-¿Y ahora? -preguntó Fausto.
-Anda al piso de abajo y mira si tus tíos están bien -le ordenó mi madre.

Mi hermano sin pensarlo dos veces lo hizo. Se puso una camiseta y salió con el teléfono a buscar a mis tíos.

-¿Ya hablaste con Carla? -me preguntó mi padre.
-No, ya la llamo.

Fue en ese momento cuando caí en cuenta de que no había señal en mi teléfono, tampoco en el de Vivi. Creo que mi hermano se dio cuenta cuando subía las escaleras con mis tíos e intentó comunicarse con nosotros pero sin éxito. Los golpes de la puerta nos tomaron por sorpresa. Primero entraron mis tíos algo asustados pero relajados, aquel sonido que escucharon pensaron que había sido un camión o algo en la calle de atrás. Cuando entró mi hermano noté algo muy peculiar en él. La piel de sus brazos estaba erizada y los dedos de su mano derecha temblaban. Jamás había visto así a mi hermano. Todos nos acomodamos en la sala como pudimos. Encontramos unas velas y las situamos cerca de nosotros. Conversamos un poco, luego comimos y finalmente nos turnamos para descansar. Aún recuerdo la cara de todos cuando escuchamos los pasos en el techo. No eran un par, eran algunos pies que se movían de un lugar para el otro como si buscaran algo. Aún recuerdo la cara de mi Vivi al escuchar el estruendo que causaban los pies de lo que sea que estaba arriba de nosotros. Todos nos miramos, agarramos nuestras maletas. Con cautela mi padre abrió la puerta de la sala y poco a poco comenzamos a salir pero, aquí todo ocurrió muy rápido: no sé si mi padre fue el primero en gritar o si las ventanas se quebraron en millones de pedazos o si fue la luz brillante que iluminó todo el cuarto o  fue mi hermano el que corrió hacía el corredor. Yo solo recuerdo haber visto siluetas altas, un aroma que aún no logro reconocer, un zumbido que me pone la piel de gallina pero mas que nada recuerdo haber sentido el mismo miedo de aquella noche en la que la radio de la sala se encendió. Lo siguiente que sentí fue la mano de mi padre que me tomó del brazo y haló para que me fuera con él pero yo... Yo no... yo no podía dejar a mi hermano. Por mas de que grité su nombre nunca me contestó. Por un momento creí que solo habíamos sido nosotros los afectados por eso pero una vez en la calle pude escuchar los llantos y los gritos, los ladridos, los gemidos de la gente que también había sido desalojada de sus casas.

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