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En espera

There he was, waiting on the twilight shroud which could cover even the smallest things. He took a drag and kept on reading peacefuly. The street was flooded by many other beings who were looking for a glimpse of something called happiness. He was just lost in the moment, in the lines that showed no other than himself on another Universe. He was glad, complete and happy. From his floor, the city looked like a little pack of lights, filled with emotions and people wondering around. Among those people, in between those faces, there was one he knew well but that one face, by this time, must have changed and with that change, everything. He continued his cigarrette as the afternoon went by. He was well sure, that face wont come back. Maybe the smiles that were shinning on that face were too strong to make a come back, so it was easier for him to face the other side and carry on. This time, life smiled with a grin. Somebody knocked on the door. He was not waiting that, he didn't expect...

Before Lights

Y recuerdo un cuerpo, si, lo ultimo que recuerdo antes del Blackout es un cuerpo. -¿Mi cuerpo? No, para nada. Tú ya estas lejos con otro mapa y otra brújula, tú yaces absorta por los nuevos paisajes y los nuevos caminos que otro continente tiene. Recuerdo un cuerpo, cabello corto y algo pintado. Recuerdo fríos labios y sencillos besos. Me cuesta creer que a fuera la mañana intentaba sacarnos de la cama donde nuestros brazos y piernas se enredaban debajo del edredón, donde todo lo que existía era lo que estaba en el colchón; ese par de pasados, ese par de desamores, ese conjunto de risas, esa confabulación de destinos. Su extraña voz no hacía eco sino que, tranquilamente, llegaba a mis oídos sin la necesidad de exagerar su tono. Nunca nos miramos, no, la oscuridad nos lo impedía. Lo único que brillaba en ese espacio eran unos numeritos verdes. Supe entonces que ambos andábamos en la necesidad de un cuerpo sin la necesidad de una interacción más allá de lo momentáneo; o, en su defe...

Tendré que...

Imagen
Lo primero que podías a través de la pequeña ventana de la casa naranja era la delgada figura de Gloria bailando al compás de la música. Sin importar las fugases siluetas que iban de un lado al otro interfiriendo con mi campo visual, Gloria se movía majestuosamente y en sus caderas se desataba el caos al que el mundo estaba acostumbrado. Verla bailar así era lo mas cercano a lo mundano, a lo nuevo, a lo desconocido. Lo cierto era que a Gloria la había visto antes de aquella noche. Normalmente compartíamos un cigarrillo o dos en los descansos entre horas. Siempre ingenua, siempre descomplicada, era sencillo entablar una conversación con ella sin la necesidad de transgredir regla alguna. Hablar arrimados a la pared como prueba de que todo tiene que ser sostenido nos permitía saltar de tema en tema con la facilidad y la seguridad de un acróbata de circo. Las risas aprecian espontáneamente y las ocurrencias no dejaban de faltar. Los temas difíciles no eran tratados con delicadeza sino que...

Art (Cambia, no Todo Cambia parte III)

La cantina comenzó a silbar desesperada. Jirones de insurgentes nubes intentaban existir pero se disipaban al salir de la boquilla. Del largo corredor emanaron pasos acelerados y fuertes que retumbaban en las paredes. Art llegó a la cocina, llevaba una camisa azul y larga, debajo un short blanco. Se dirigió hacia la cantina y giró la perilla apagando el fuego. Buscó en la lacena dos tazas anchas, el tarro de café estaba sobre el mesón, traslado las tazas cerca del tarro. Esto era una especie de ritual que había perfeccionado con los años. Puso dos cucharadas de café en cada taza y algo menos que una pizca de azúcar en ambas. Cuando comenzó a verter el agua hirviendo en la segunda taza escucho pasos.  Este grupo de pasos era mas parsimonioso, mas débil como el latido de un corazón en mal estado que se niega a desaparecer. -¿Qué haces de pie? -preguntó inquisitiva Art. No hubo respuesta. -Te va a hacer mal -advirtió Art. Los pasos seguían. Lo vio pasar como un espectro cubierto ...

Te dejo

Te doy un espacio de mi mente para que habites de los recuerdos me alimentare dejare los pasos pausados, dejare el tedio ataviado pensare en ramos de rosas que jamas te  verán Te doy un espacio de mi mente para que duermas de la memoria  viviré comentare que fuiste hermosa y muy inteligente daré  limosnas a los mendigos y flores a los muertos Te doy un espacio de mi mente para que envejezcas de las  remembranzas   existiré la luz del sol ya no me toca, no calienta como tu caminare descalzo y  romperé  espejos para no verme junto a ti Te doy un espacio de mi mente para que reines de las cenizas de este amor me jactare escribiré  las promesas de antaño, dominare el arte del olvido y reinare junto a ti cuando el  telón  de esta vida haya  caído .

Escatología

La luz caía sobre ambos seres que se miraban con extrema intensidad, con deseo y repudio, con altivez y humildad. Ambos querían correr hacia el otro, dejar a un lado ese delgado espacio negro que los dividía. Guardaban silencio. Él sabia de sobra que siempre a sus invitaciones recibiría un "no" por respuesta; ella sabía de largo que a cada comentario habría un "¿Es en serio?" que la paralizaba. Muy a pesar de esta mala comunicación ambos intentaron expandir el tiempo de vida de algo que caducaría en poco tiempo. Existe una gran posibilidad de que la luz que los baña y permite que ambos se vean poco a poco se extinga, se acabe. Se siguen mirando, se acarician con la mirada, se golpean con la mirada, se insultan y aman con los ojos pero no se mueven. Ella lleva puesta una sonrisa de sinceridad macabra, de vencedora, de seguridad. Él la mira con cierta suplica, con cierto empeño, con deliberada astucia. Él toma su guitarra, en un intento funesto de reavivar el fueg...

Voces

-Arreglen los techos -Conecten los alambres -¿Donde esta el ... -¿Ya llego..... -Prohibido olvidar .. -¿Sera...? -Ahí regresa, ahí viene... -Despejen la linea -¡No hay control! -¡Nos invadeen! -Perdimos... -¡Se feliz! ¡Seamos felices en los arrecifes! -Esa felicidad, no es mi.... -¿Somos eternos.....? -¡Es ahora! ¡Es nunca! No Se podía apagar el caos que hacia un eco siniestro en el centro de la habitación. Las voces seguían llegando, fragmentos de entropia atestaban el lugar vacío. Los vidrios retumbaban, la gente estaba ahí sin estarlo. En una esquina del cuarto, con las manos cubriendo los oídos, el capitán del barco se debatía entre morir y pasar al olvido o simplemente apagar la radio y seguir. La voces cesaron.